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El Tucumanazo: la memoria documental E-Mail
por Dean Luis Reyes en Portal del Cine Latinoamericano

Los emprendimientos documentales no cesan de ocuparse de la historia oculta, de lo que no se dice. Hacen su parte en la gestión de la verdad colectiva. Pero también del recuerdo, de salvar del olvido aquellos hechos que no se conmemoran o que es mejor (para algunos) olvidar.

De ahí que, cuando los jóvenes argentinos originarios de Tucumán, Diego Heluani y Rubén Kotler, se preguntaron qué suceso de altísima importancia de su historia cercana había quedado relegado en la memoria colectiva, se respondieron que “el tucumanazo”.

“Sin dudas, dice Heluani, fue el levantamiento más importante del siglo pasado en nuestra provincia, en donde más de 80 manzanas fueron tomadas por estudiantes y obreros". Estas declaraciones al diario El Siglo aparecen a propósito del reciente estreno de El Tucumanzo, documental con el cual estos realizadores revisan los sucesos de aquellas jornadas.

La película, realizada de manera independiente y financiada con dinero de los propios realizadores, aborda la revuelta popular de estudiantes y obreros en 1970. La misma fue la reacción local al golpe de Estado que impuso a Juan Carlos Onganía como presidente de facto y que trajo como consecuencia el cierre de once ingenios azucareros en la provincia y la intervención militar en la Universidad Nacional de Tucumán. La unión entre estudiante y obreros, con la defensa de un comedor infantil como símbolo de la rebelión, terminó con las renuncias del gobernador y del rector de la Universidad.

El Tucumanazo dedica sus 75 minutos a revisar esos hechos, sobre todo a través de la palabra de ex dirigentes obreros y estudiantiles entrevistados, más intelectuales y periodistas como Osvaldo Bayer, Alejandro Schneider y Emilio Crenzel, entre otros.

Kotler refiere que uno de los mayores retos de este largo fue conseguir el material de archivo testimonial. Explica: “Ese tema fue dar la cabeza contra la pared una y otra vez. La primera información que tuvimos fue que todos los archivos de Canal 10 se habían quemado, por lo que tuvimos que recurrir, después de un rastreo larguísimo, a fuentes privadas para conseguir material visual. Todo un problema, que nos costó dinero de nuestro bolsillo. Nos fue más sencillo conseguir todo sobre el segundo Tucumanazo. Pero por suerte, conseguimos entrevistas que tienen un gran valor".

El resultado, indican los reseñistas, ha sido un documental necesario. Sus realizadores se ocupan ahora de dar la mayor difusión al mismo, sobre todo entre los jóvenes, que prácticamente desconocen qué sucedió entonces. De ahí el matiz reivindicativo de la película.

"Notamos que la mayoría de los documentales hablaban desde la autocrítica y coincidimos en que lo que queríamos reivindicar, principalmente, eran los procesos de lucha. Basamos la cinta en los hechos previos a lo que luego fue la dictadura de 1976. Nos interesaba saber por qué se dio esto, qué es lo que venía gestándose", refiere Heluani.